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Tudela: El fértil puerto del Ebro

Como un remanso en el trayecto del magno Ebro, podemos encontrar una especial ciudad navarra que invita a conocerla y saborearla

Edificada desde asentamientos que datan de la Edad del Bronce, Tudela narra, en su actualidad el paso de diferentes culturas que adaptando su paso a su tiempo, dejaron huella y enriquecieron el sitio para heredárnoslo como le recibimos hoy. 

Nuestro primer contacto con la ciudad es un abrazo gastronómico. Partiendo de su Plaza de los Fueros o Plaza Nueva es muy recomendable iniciar dejando que sus calles te guíen.  De este paseo libre, Tudela se descubre ante tus sentidos como una ciudad con historia plasmada en su callada e imponente arquitectura. Los bares de sus calles, amenos y frecuentes, nos invitaban a sus barras llenas de exquisitas tapas que competían entre sí por ganar nuestra atención. Los pimientos, las alcachofas, los espárragos, de fama internacional cultivados en La Mejana siempre están presentes en ellas. El brillo del aliño del aceite les otorga una pátina de perfección. Hay para todos los gustos. Y los vinos de sus cartas siempre ofrecen buenas ternas de las que lo difícil, es elegir. 

Lo recomendable es dejarse llevar por sus calles. Hacer paradas a libre elección, pues ningún sitio decepciona. Y la calidad de sus sabores alerta las papilas que parecen también experimentar todo un viaje.

También es muy común encontrar los típicos bancos o mesas a pie de calle, donde la charla ajena adorna la propia, y se puede degustar una copa de vino contemplando la arquitectura del edificio vecino, el caminar cotidiano de la gente y los susurros propios de una calle. Es muy común encontrar escudos heráldicos en las fachadas de los antiguos palacetes de Tudela. Estas heráldicas, son esos exquisitos documentos silenciosos, que guardan en su piedra labrada los elementos que describían un linaje, una familia, y ahora, ahí, parecen ser ojos vigilantes, con miradas pacientes que aún de piedra, se rompen.

La Catedral de Tudela, edificada donde se ubicaba la antigua mezquita, cuenta con una arquitectura románica, en cuya fachada existen representaciones con motivos geométricos, vegetales, o bien, detalles bíblicos.

La ciudad parece dividirse en barrios que atrapan un periodo de tiempo o de historia determinados. Por ese momento, uno hasta cree fácil identificar épocas. Tudela fue una ciudad amurallada, y aunque actualmente  de dicha muralla sólo queda un muro casi camuflado con sus calles en la Calle Granados, existen más rasgos mejor conservados que la dibujan como una ciudad preparada para los ataques. Con sus torres establecidas en los puntos más altos de la ciudad, podemos hacernos una idea de la visión panorámica que permitiría controlar cualquier llegada o salida. Actualmente la Torre de Monreal y su cámara oscura,  la cual se puede visitar y disfrutar, regalándonos una vista ahora ocupada con los tejados más inmediatos; así como la que se encontraba en el cerro de Santa Bárbara desde donde la vista además se abre con la cercanía del Ebro, y la vega con su vivo color verde, que es sinónimo del huerto más fértil del que se han obtenido las legumbres más famosas por su auténtico sabor,  anuncian en el horizonte el atisbo de las Bardenas Reales, conjugan el control o el cerco que Tudela tenía.  Descubrir este tipo de  detalles nos ayuda a entender su historia asombrándonos de la naturaleza que también la ha protagonizado.

Saliendo por el barrio de la judería Nueva, topamos con el puente de diecisiete ojos que abraza al Ebro. Sencillo y firme deja pasar el cauce de un río que transmite grandeza, vida, y sobretodo abastece del agua necesaria para los huertos de las vegas cercanas. Hay quienes atribuyen al agua del río, la especialidad de nutrientes para dichos huertos, cuyas legumbres gozan de fama gastronómicamente reconocida.

Ese mismo puente, cuenta con un episodio histórico que se detalla en unos azulejos a modo de recuerdo in situ, de la defensa de los tudelanos ante la invasión francesa de 1808. Contemplar aquel cauce, ante la imposibilidad de cruzarlo sin un puente, ayuda a recrear en la imaginación aquel episodio cargado de tanta valentía.

Tudela, como ciudad Medieval, tiene además de su gran peso histórico, el peso natural del río Queiles, que la atraviesa literalmente, por su centro para luego unirse al cauce del Ebro, así como también el río Mediavilla. 

Además de formar parte de la ruta del Camino de Santiago, Tudela es, sin duda, ese maravilloso puerto de los que navegamos por el mundo, donde lo fértil de sus campos se traduce en manjares para el deleite de nuestros sentidos y nuestras bitácoras.  

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