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París, la eterna ciudad enamorada

Donde el amor habla aún con acento y besos.

París es la ciudad emblemática del amor, donde sus paisajes urbanos se han vuelto ícono de enamorados y turismo. Sin embargo, es una ciudad viva que tiene mucho más qué ofrecer que besos y romance. Es una gran ciudad para plantear recorrerla en pocos días. Recomendamos organizar un poco los paseos, al menos para aprovechar al máximo el tiempo, y considerar, ante todo, el humor del clima.

París regala postales de sus rincones luciendo su arquitectura, sus detalles naturales y su ingenio social.

El Sena se vuelve sin duda, este protagonista que sin más guión que su presencia, adorna la obra con un toque de exacerbada perfección. Con él, hacen juego sus múltiples puentes bautizados, y los opuestos bailan juntos, lo lejos se vuelve cerca.

La catedral de Notre Dame, como sitio de rigurosa visita, nunca deja de sorprender con su increíble arquitectura que rebosa detalles y se vuelve un pasatiempo para la disminuir la espera al turno de entrada. Es imposible pasar por alto sus famosas gárgolas, que vigilan milenarias las multitudes que, seguramente desde su puesto, lucen como hormigas nerviosas en constante movimiento.

Ya en su interior, las cristaleras que filtran la luz parecen caleidoscopios de algún cuento, de ese que varias veces nos han contado y no creíamos. Parece ser que algo divino gesta esa luz, y la transforma en grandes lienzos translúcidos que tenuemente iluminan algunos gestos de columnas calladas.

La diferencia entre el afuera y el adentro es radical, al quedar envuelto en este edificio que parece aislar la luz, salpicando sólo algunos puntos para deleite visual.

Salimos y nos dirigimos al icono parisino para constatar la postal. A pesar de haberla visto en infinidad de imágenes, estamos seguros que la percepción personal siempre supera lo ya visto.

La torre Eiffel luce diferente en persona. Sus jardines permiten el descanso y la contemplación entre tulipanes y variadas flores que inyectan color al paisaje. Por las noches es iluminada con una intermitente coreografía luminosa que la hace lucir como un efecto de magia.

Continuando con nuestro recorrido elegimos el cementerio de Père Lachaise porque escuchamos que en él se pueden ver las tumbas de muchos personajes famosos. Dividido por calles a modo de una pequeña ciudad, este cementerio encierra en sus nostálgicos circuitos el constante recuerdo de los que creen estar en el olvido. Jim Morrison, Edith Piaf y muchísimos más personajes de gran relevancia y popularidad pueden encontrarse aquí, en un espacio que parece ofrecer el descanso espiritual para sus almas.

Seguimos nuestro intenso recorrido. El dorado es un color que no falta en sus calles. Constante en sus esculturas, reciben la luz del sol en competencia directa.

A media tarde llegamos a la Basílica de Sacre Coeur, que nos permite desde sus escalinatas registrar una panorámica de la ciudad. La mancha urbana rodea este punto y parece un mar donde se pueden identificar algunos monumentos. El tiempo parece recorrer lentamente junto con el atardecer, pues un manto de sombra va invadiendo la ciudad.

Volviendo a la tierra, descendiendo de aquel panorama, bajamos a un concurrido y bohemio barrio que acoge al emblemático Moulin Rouge. Un barrio que es más humano y encierra o muestra el lado más rojo de la ciudad. No podemos dejar pasar la oportunidad y vamos a tomar la típica absenta parisina. Una bebida espirituosa de alto contenido alcohólico que es típica de este lugar. Nos cuentan un poco la historia de ella y el proceso de elaboración se vuelve sencillo e hipnótico.

El regreso lo haremos charlando con El Sena, por alguno de los puentes que elegiremos al azahar. La ciudad vestida de noche, luce ese glamour que tanto se menciona en las películas. El romance se siente aún entre los puestos de libros que duermen aguardando para el siguiente día. Entre el silencio de la noche, el río parece susurrar tranquilo. Sus aguas parecen reescribir aquella canción de “La vie en rose”.

Nuestros pasos se resisten a despedirse. Aún la noche es joven. El paseo será tranquilo y sin prisas.

Definitivamente el ambiente impregna de ese sentimiento que hace sentir el cuerpo atado a estas calles, a su movimiento y su aire, y reafirma, que no en vano, esta es la ciudad del amor.

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