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Fiesta de libertad y excesos. El significado de lo que conocemos como Carnaval

Los carnavales 2018 están a la vuelta de la esquina y en Mundo Recorrido vamos sabiendo bocado. El carnaval, instituido como una temporada que contrarrestaba la cuaresma, mantuvo también, en sus orígenes en lejanas fiestas paganas, significados metafóricos de batallas. De esto sólo nos queda rastro en el carnaval celebrado en Ivrea, al norte de Italia, donde en dicha celebración se reconocen fácilmente personajes bélicos específicos y se recrea una batalla de naranjas, en la cual éstas representan flechas y ponen en pie una encarnizada y aromática la lucha contra la opresión y el abuso de poder y mando.

Pero volviendo al tema de los carnavales, esta celebración surge como una época que se distinguía por una serie de “lujos” o “beneficios” a los que podían acceder toda la población sin distinción de clase social.

Actualmente, quizá como una sociedad que tiene la libertad de salir a bailar o tomar una copa cualquier día del año, el carnaval pierde entonces su esencia inicial: la de tener por unos días la libertad total de lo que en la siguiente época se prohibiría o censuraría (cuaresma). Esto incluía bailar, beber o comer. Ya que, recordemos, no siempre existió esta estabilidad o acceso a alimentos u ocio como en la actualidad.

Se tiene constancia de que la cuaresma como tal se establece por primera vez en el Concilio de Nicea en el año 325. Se consideraba un ayuno o época de preparación para la Pascua y fue una tradición incluso llevada a cabo en los tiempos de Carlomagno. Esta cuaresma, consistía en una alimentación regulada, ya que sólo estaba permitida una comida por la tarde y se eliminaba cualquier tipo de carne.

Ya en la Edad Media, la eliminación de carne de la comida se complementó con otro tipo de prohibiciones o las llamadas penitencias, que prohibían todo aquello que no “purificara” al cuerpo. Todo esto, claro está, en términos estrictamente religiosos. El significado de la censura de la carne, viene a que ésta, se asociaba con la fuerza, y de aquí también según un estudio se obtiene una predilección de determinada carne según el estrato social o geográfico al que se pertenece. La carne de caza mayor se destinaba a personas de gran poder adquisitivo, mientras que las aves de corral o caza menor se destinaba a los campesinos.

Las legumbres y hortalizas tienen su protagonismo generalmente en las mesas seculares, al igual que el pescado, por considerarlo un animal más puro porque (según) no se apareaba para su reproducción. Fue este juicio el que lo excluía de la censura a la que la carne de otros animales estuvieron destinados debido a su reproducción, que, probablemente recordaba la humana, y con ello al tan recurrido pecado carnal y su respectivo castigo. Así podemos establecer que el privarse de la carne por una temporada era un acto de mucha voluntad, que también se asociaba a la fortaleza humana.

El propio término “carnaval” que etimológicamente permite su descomposición en carnem levare, es una declaración clara de la privación de la carne. Aunque existen teóricos que desligan al carnaval de sus orígenes religiosos y llevan su etimología por carrus navalis, que quiere decir carro barco, con el que se hace alusión a llevar los barcos sobre carros, para dirigirlos de nuevo al agua, después de haber pasado todo un invierno en dique seco.

El carnaval es en sí, un periodo de liberación de costumbres, en el que se “permite” la algarabía y la estridencia que un disfraz, una máscara o música, facilitan.

Los griegos llamaban prosopopeya a las máscaras que representaban a las personas “al natural”, marmoligneya a las que servían para representar sombras de los muertos y tenían como característica lo opuesto a la beldad, gorgoneya a las que representaban a las furias y como consiguiente provocaban terror con su visualización, y orguestrica a las que usaban los bailarines y pantomimos, con características proporcionadas y matices simpáticos.

En algunos carnavales para concluirlos aún se lleva a cabo la quema del fantoche, que es un muñeco de algún material flamable que representa el fin de los malos tiempos con su combustión. En otros se recurre al denominado “entierro de la sardina”, con el mismo significado.

Se sabe también que tiene una estrecha relación con el día de la Candelaria (2 de febrero) en el que se bendicen las candelas (velas) y además representa la purificación de María; se da la bienvenida al año, se cierran ciclos: mal tiempo- buen tiempo, pasado- futuro. Y esta última explicación se entrelaza estrechamente con el mito griego de Perséfone, o el romano de Proserpina, en el que la protagonista vuelve a casa de su madre, generando la alegría de ésta, que se encarga de vestir los campos de flores y de vida.

El carnaval, a pesar de haber perdido su objetivo original, se mantiene hasta nuestros días como una festividad llena de colorido que anima a participar a todo el público en lo que parece ser su principal objetivo: festejar la alegría del buen tiempo. Sumémonos a la celebración.

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