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Fragmento del Muro de Berlín en Madrid (Parque Berlín)

El cielo sobre Berlín, en Madrid (Paseando por el Parque Berlín)

Un fragmento del Muro de Berlín yace en el madrileño Parque Berlín.

En la escuela nos enseñan a sumar, a restar, a multiplicar, a dividir. Aprendemos la Historia del mundo. Escuchamos sobre guerras devastadoras, desembarcos, ejércitos, vencedores y vencidos, batallas de aire, tierra y mar, prohibiciones, logros, perseguidores y perseguidos, idealistas, materialistas, cómo el hombre llegó a la Luna, cómo los gustos dividen. Pero, ¿qué pasa cuando nos dividen? Es más, ¿por qué nos dividen? ¿Divide y vencerás?

En una noche, específicamente la del 12 al 13 de agosto de 1961, aquello que dividía “simbólicamente” se convirtió en un muro. Bloques de concreto cercenaban una unidad. Donde antes había uno, de la noche a la mañana, eran dos.

Como si no fuera suficiente luchar contra el tiempo, había que luchar contra nosotros mismos. Dividirnos. Dividirlos. A ellos. A nosotros.




Entonces la noche de Madrid, cambia de ámbar a blanco y negro. Como en una película de Win Wenders, estas calles nos regalan un viaje hasta Berlín.

Ubicado a espaldas del coloso Bernabéu, se encuentra un pequeño pulmón de la ciudad conocido como el Parque Berlín. Con el oso simbólico de la capital alemana, hay un monumento que ningún escultor podría igualar: un fragmento del Muro de Berlín.

Parque Berlín en Madrid

Parque Berlín en Madrid

Conocido también como El Muro de la Vergüenza, a su derribo, algunos fragmentos viajaron a diferentes partes del mundo, para patentar lo que alguna vez, nos dividió.

Aquellos fragmentos, como tres monolitos sobrios, hoy tan aislados, parecen carecer de la fuerza que seguramente intimidaban al estar junto a otros tantos. Tantos que llegaron a formar una división de 120 kilómetros. Tantos, que dividieron cuerpos, pero seguramente nunca almas. Tantos, que recibían mensajes a modo de códigos para mantener la cercanía en secreto.

En el Parque Berlín, esos tres fragmentos, muestran sus dos caras. Su amargo labor de división. Y lo que para nosotros parecen garabatos, para alguien, algún día probablemente fue un grito de dolor y frustración por el atentado contra su libertad. Por la división. Quizá fue ese manifiesto de dejar constancia de que eso ocurrió. De que no era una pesadilla. De que duró más de veinticinco años. Para ser más matemáticos, veintiocho años, dos meses y veintisiete días. Así como una noche dividió, la noche del 9 al 10 de noviembre de 1989, volvió a sumar. A unir. A extender los brazos. A recibir al cambio (Die Wende).

Hoy esos monolitos mudos, nos cuentan con sus cicatrices de pintura, que alguien, algunos, los tocaron, los vieron, los marcaron, los intentaron volver sus cómplices en pintadas, probablemente les hablaron, con un susurro “Der Osten ist überall” (el Este está en todas partes).

Fragmentos del Muro de Berlín

Fragmentos del Muro de Berlín

Concéntrate en el fragmento del centro y quizá, a modo de pareidolia, verás dos ojos que te miran fijamente. Una mirada concentrada en ti, con lágrimas de manchas.

Sigues caminando por el parque con los pensamientos sobre ¿por qué nos dividimos? ¿Qué nos divide? Y a uno de los costados de las sendas trazadas del parque,  descubres un busto. Una placa define su identidad: Álvaro Iglesias Sánchez. Quizá su nombre en sí, no te da respuesta.  Álvaro Iglesias Sánchez, tiene aquí un homenaje por ayudar a los vecinos de una finca de la Calle Carranza durante un incendio de la misma. Tenía sólo veinte años, pero su instinto de ayudar fue más grande que el del miedo al fuego, a las llamas y al calor que hacen que ese elemento pueda ser un difícil contrincante. Sin reparo logró sacar a tres víctimas, pero no consciente de que el peligro aumentaba, al intentar sacar a la cuarta, las escaleras consumidas se desplomaron llevándose con ellas al joven.

placa Álvaro Iglesias Sánchez

Álvaro Iglesias Sánchez placa

Álvaro eligió sumar, no dividir. Su decisión ayudó a otras personas a costa de su propia vida.  Hoy una placa en la finca siniestrada y este busto guardan constancia de aquel día. De su valentía, de su instinto de ayudar, de su proeza por sumar. No dividirnos. Es un recordatorio de que ayudar tiene un valor inmenso sin precio marcado.

Ayudémonos. Sumemos. Aprendamos de la Historia, del ayer, del pasado. Evitemos dividirnos. Evitemos lo muros. No todos los muros son de concreto y no todos los muros han sido derribados.

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