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Brujería. Los hechizos de lo que tememos o desconocemos

Nos adentramos en la exposición de Brujería en Toledo

Arropada en Toledo, en la calle Hombre de palo, la exposición de Brujería atrae a todo un público que se ve envuelto por el ambiente misterioso que esta ciudad encierra. La temática, invita a saciar la curiosidad ante un tema que es tabú o bien, que enfrenta a lo objetivo con lo subjetivo, a la razón con la magia, al conocimiento con lo desconocido y a la luz con la oscuridad.

Partiendo de la colección de objetos de un personaje que se interesó por este tema y los objetos que giraban alrededor de él, esta exposición ofrece una visión estructurada de las posibilidades que encierra este enigmático tópico.

Con imágenes tan asociadas a este tema como brujas, demonios, hadas y venenos, el ambiente parece mirarse de otra manera después de haber observado la caligrafía de los diarios o los recetarios que mencionan cómo mediante la mezcla de algunas sustancias, se puede conseguir lo imposible.

Es reconocido que Toledo tuvo fama de centro hechicero por el siglo XIII. Sus sótanos, muchos de ellos antiguas estructuras romanas, presenciaron el desarrollo de artes ocultas por parte de hechiceros o alquimistas, que al ser descubiertos, eran sometidos a tormentosos interrogatorios para obtener confesiones que satisficieran a la Santa Inquisición. Estas confesiones concluían en muchos de estos casos, en las piras, que eran hogueras humanas que se realizaban en la Plaza de Zocodover para lección de la sociedad de la época , y eran los llamados “Actos de fe”.

Se castigaba todo delito que iniciaba en sospecha. Ya que la denuncia era anónima, mediante una caja que solía encontrarse en la iglesia. cualquiera podía introducir el nombre, hecho y lugar culpable sin tener mayor prueba que lo escrito. Obviamente, la envidiad era el principal instigador de estos actos. Los tormentos o instrumentos de tortura de los que se valía la Inquisición para obtener confesiones, hacían confesar a cualquiera y de esta manera, se vivió en Toledo, una caza constante de todo aquel que profesaba “la brujería” como medio mágico para obtener su beneficio. ¿Qué beneficio? pues podía ser de carácter personal, tan básico como el sexual, o amoroso, o bien curar cualquier sencillo malestar físico.

La brujería inicia en sí, como un ritual cuyo fundamento es la naturaleza misma. Observando y estudiando las plantas, se puede llegar a adquirir el conocimiento funcional de sus sustancias activas, sin embargo, el conocimiento se ve relegado a unos pocos, y quizá por ello se disfraza con toques o matices oscuros. Algunas recetas de brujas, escritas en los llamados “grimorios”, lo único que delatan es el amplio conocimiento como herboristas que poseían, pues por ejemplo, de una receta para volar en la cual se mencionaban ingredientes tan estrambóticos como innecesarios, sólo uno de ellos era suficiente para lograr un “viaje” muy similar a lo que actualmente denominamos como tal por el resultado de algunas drogas químicas o naturales.

El ser humano siempre ha querido lograr dominar la naturaleza y la brujería parece aliarse a la química como arma principal para explotar las herramientas que se pueden encontrar en el campo, tales como semillas, plantas o flores. Ungüentos que no son sino bases, alcaloides, soluciones o mezclas de elementos, cuya reacción produce estados de éxtasis en la razón, generaban en aquella época la asociación con fuerzas sobrenaturales o malignas, incluso demoniacas cuando se realizaban conductas “impropias”.

Muchos de los hechiceros, alquimistas, nigromantes o brujas de esta zona tuvieron nombre y apellidos propios que quedaron registrados en los juicios que la Inquisición registró. De este modo, incluso se saben cuáles fueron sus domicilios, algunos desaparecidos por el tiempo, otros aún permanentes pues esta ciudad, además de encanto tiene a sus cuestas años.

Si recorréis sus callejuelas y callejones, quedaréis hechizados. Eso es un hecho. Recorrerla atentos, pues sus rincones cuentan con los rastros de brujería que presenciaron in situ.

Dejamos este receta a modo de hoja suelta de un “grimorio” rescatado de entre muros desvencijados de una casa tapiada del Callejón del Diablo en Toledo. Echar un ojo a los ingredientes, y lo mejor de todo, al objetivo del hechizo.

Para volar fuera del cuerpo y visitar lugares lejanos y desconocidos:

Beleño negro
Adormidera
Digital rojo
Acónito
Eleboro verde
Sangre de murciélago
Sesos de búho
Ojos de garduña

Triturarlo todo hasta que quede pulverizado. Dejarlo macerar bien mezclado durante dos días empezando en uno de luda llena en aceite de almendras. Escaldarlo ligeramente antes de aplicarlo en las axilas y las ingles frotando enérgicamente durante siete minutos.

Curiosamente, como hemos descrito anteriormente, de todos los ingredientes, bastaba en sí, sólo con la presencia del acónito, que es una planta sumamente tóxica y que produce unos efectos alucinantes. Cabe destacar también la presencia estricta del número siete, ya que cabalísticamente, también se menciona según algunos estudios, que los conventículos de brujería reunía siempre trece integrantes. Aunque todo queda en teoría, la numerología es otro de los campos involucrados en este tema.

Afortunadamente para volar fuera del cuerpo y visitar lugares lejanos y desconocidos actualmente disponemos de internet, que sin atentar a nuestro sistema nervioso o neurológico, garantiza mejores viajes. Mundo Recorrido puede ser un medio de gran ayuda.

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