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Las fuentes de la eternidad. La Fuente Vieja y la Fuente Nueva de Ocaña

Por la carretera que nos dirige a Córdoba, en la A-4 existe una salida que nos lleva hasta Ocaña.

Como una vía secundaria, guarda una tranquilidad que se ve adornada por los campos y algunos olivos agrupados que parecen sólo observar a los pocos que por aquí transitan. Con el camino de tierra suelta, parece que nos resignamos a la espera de la llegada al pueblo para saciar nuestra curiosidad.

Sin embargo, y como suele ocurrir en todos los viajes, algo nos sorprende y amerita una detenida pausa. Al pie de la carretera una ermita que ha quedado bordeando la misma, ya nos siembra la intriga. Las paredes de la Ermita de Jesús de Cuevas se vuelven el límite del camino. Curiosa cercanía de lo terrenal y lo sacro.

A unos metros, un gran puente nos asombra, y a los pies de éste, como refugiándose, existe una superficie rectangular que en el centro tiene un débil pero constante chorrito de agua.

El hilo de agua es tan cristalino. El sol hace brillar el hilillo como si fuera una fina cadena de numerosas piedras pequeñas y brillantes.
Este sitio ya suele ser relativamente más concurrido por la fama de dicho hilo de agua. Es la llamada Fuente Vieja, y la gente le atribuye a sus aguas las cualidades de sabor y purificación más altas.

Los bidones de las familias aguardan pacientes a ser llenados, para disfrutar en casa del cristalino elixir. Es una imagen muy cercana al modo en el que se abastecía agua en los tiempos antiguos, donde aljibes o fuentes se compartían para los habitantes de los pueblos.

Seguimos el camino con la sensación de haber presenciado un trozo de eternidad. Esa fuente data de años en los que por la zona, no había cómo abastecer de agua, y se crea toda una obra de ingeniería hidráulica, para aprovechar las aguas provenientes del arroyo de Ontígola.
Así mismo, repentinamente aparece a un lado del camino, acompañada por una densa parvada de palomas, una fuente con una arquitectura impresionante que reside a cielo abierto. Dos leones de piedra parecen velar su arquitectura.

Esta fuente se erige como tal en la época de Felipe II, con lo cual ronda la fecha de 1570. Se piensa para el uso personal así como el animal. La parte izquierda de la fuente era para animales, a esto se debe que existan dos caños por fuente. En la parte izquierda de la plaza, donde dos acequias a simetría concluyen la plaza, se sabe que una de ellas en una época fue usada para lavar a los difuntos. Son dos pilones de semejantes dimensiones, donde se cuenta que se reunían las lavanderas para realizar su labor. Este espacio permitía el trabajo según cuentan de más de tres centenares de lavanderas.

Existe un canal que aún se puede apreciar y por donde aún un hilo de agua puede ser destinado desde esta fuente a los huertos. Un pequeño arco en el muro frontal a los caños que expenden el agua, la ve despedirse para nutrir a los frutos de la tierra. Esta explanada, fue pensada hasta el mínimo detalle. Consideremos pues el que se encuentre toda empedrada, para evitar que el constante contacto con el agua creara más que una explanada un lodazal inmenso.

Pero existe también algo que nos ronda constantemente. ¿Será esta una fuente de origen romano? ¿Sería posible? Absolutamente. Se sabe que Ocaña fue una antigua Villa Romana. Algunos historiadores le asignan una posición importante en la región. Incluso arquitectónicamente en la Fuente Grande, se pueden contemplar algunos elementos que siembran esa posibilidad.

Se sabe que aquí, en Ocaña, es donde se exilió Isabel La Católica, pero este paisaje siempre fue de nobleza, pues también acogió a Juana I de Castilla y a Felipe El Hermoso.

Durante la Guerra de Independencia española, tuvo lugar aquí la famosa batalla de Ocaña. Incluso algunos vecinos afirman aún seguir encontrando testimonios del suceso.

Hoy, solitaria, aguarda en compañía de su ejército volador, los fines de semana para las visitas guiadas en las que se vuelve la homenajeada. En estas visitas se puede acceder a las galerías subterráneas para constatar de manera visible la sabia ingeniería hidráulica que resolvió la sequía de la zona. Declarada Patrimonio de la Humanidad en 1976, hay quienes la rebautizan como “El Monumento al agua”.

Hay quienes dicen que una mujer guarda sus muros, vagando por ellos. Dicen que fue una mujer acusada por la Inquisición de herejía, y aunque fue desterrada, cuenta la leyenda que se refugió en los subterráneos de la fuente. En ellos la acústica parece retar al secreto. Si susurras en uno de los extremos de las habitaciones el sonido llegará hasta el extremo opuesto. Aún así, la Fuente Nueva o Fuente Grande, guarda muy bien sus secretos.

Recordamos aquellas fuentes de la eterna juventud, en las que prometían esta cualidad a quienes sus aguas bebían. Definitivamente, la juventud es de ellas, que lucen con el mismo candor que el primer día y se mantienen a pesar del paso del tiempo prometiéndose eternas.

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