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Día de San Valentín. El cuento de los enamorados

El 14 de febrero se celebra a San Valentín. Aunque la iglesia retiró su santoral de ese día, en la actualidad se ha instituido como una fecha muy reconocida para celebrar el amor y la amistad.

Sin embargo, los orígenes de esta celebración están estrechamente relacionados con rituales en pro de la fertilidad, o bien, que hacen alusión a la época en que algunas aves se reproducen.

Existen varias hipótesis sobre la identidad del santo, aunque de las más aceptadas para explicar la fecha con su nombre, describe que fue un obispo mártir que casaba a jóvenes clandestinamente. Por desgracia, al ser descubierto, no tuvo un final tan feliz.

Si nos quedamos con esto, podemos atribuir entonces a la fecha, la persecución del amor verdadero y la lucha por el mismo, superando obstáculos y reconociendo al amor como vencedor.

En la actualidad varias iglesias del mundo dicen tener reliquias del santo. Pero definitivamente hoy hablaremos de la Iglesia de San Antón en Madrid, que exhibe unas reliquias de San Valentín.

Sumergido en el frenético movimiento del centro madrileño, esta iglesia, además de ser una de las muestras barrocas en pie que sobrevive a nuestros días, tiene como santo patrono a San Antonio Abad quien es protector de los animalitos, y por ello se permite la entrada a estos durante todo el año. No sólo para su bendición el 17 de enero. Día que se conmemora cómo el Santo protegía o bendecía a los animales de los brotes de peste u otras enfermedades.

Además de estar abierta 24 horas, pues el cura argumenta que las puertas del cielo no pueden permitirse un horario, ya que el consuelo se debe encontrar a cualquier hora que nos aqueje una dolencia espiritual, esta iglesia es toda una joya arquitectónica, con frescos que sobreviven sumisos.

Famosa por sus “vueltas de San Antón” que es como se denominaba a sus fiestas o romerías que incluso narran algunas crónicas llegaban hasta los principios de la calle Hortaleza, también gana fama por los “panecillos de San Antón” cuya consistencia permite su conservación por largas temporadas, haciendo alusión a los largos ayunos que el Santo realizaba. Estos panecillos, según se cuenta también pueden traer fortuna, y por ello se sugiere que se guarden cerca del monedero durante un buen tiempo, así como también podían ser utilizados como amuleto para los solteros que buscaban pareja.

Esta iglesia, que fue erigida en el siglo XVIII, fue concebida con los edificios anexos para labores benéficas, específicamente de leprosos. Aunque actualmente, con modificaciones o remodelaciones, la iglesia intenta mantener su esencia inicial, aunque el constante aforo y su actualización tecnológica parece desplazarlo lentamente. Sin embargo en su fachada aún podemos leer un “Dejad que los niños se acerquen a mi” en latin.

Otra de las curiosidades de esta iglesia es que el día de San Valentín, suele verse muy visitada por enamorados correspondidos o no, que recurren al festejo o consuelo de su corazón.

Las reliquias, que son una osamenta en una urna acristalada, reposan pareciendo “mirar” a través del cristal. En una verja que protege el altar que las guarda, infinidad de lazos de color azul o amarillo, se atan a los barrotes. Te acercas y puedes distinguir nombres escritos en ellos. Según la tradición, tomas una de estas cintas, escribes el nombre de esa persona por la que tienes un sentimiento especial y puro, y al atarla en uno de los barrotes se la encomiendas a San Valentín, para que la cuide y le favorezca.

No sabemos si funcione o no, lo que sí, es que el 14 de febrero, esta iglesia satura su aforo aún más a causa del amor. Así como tampoco sabremos cómo será la historia de amor que vivamos, pero todos confiamos en que seremos felices y comeremos perdices.

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