Blog sobre viajes, ocio, cultura y mucho más...

Tembleque y su Palacio. La Mansión del tiempo entre los senderos quijotescos

Siguiendo la huella del Quijote, llegamos a encontrar los gigantes molinos de Tembleque en Toledo, tal y como lo contamos en nuestro Mundo Recorrido de los Molinos. Pero también  encontramos una joya arquitectónica que está envuelta en un maravilloso velo de historia, mito y leyenda.

En el corazón de la acogedora Villa de Tembleque, denominada como Villa por Juana I de Castilla, encontramos una casa que alcanza perfectamente el título de palacio. Deshabitado en la actualidad, sus paredes siguen manteniendo su voluptuosidad  que desde su año de construcción allá por el siglo XVIII (1753) seguramente desplegaron.

Este sitio llama la atención por su majestuosa construcción de tres plantas y su increíble fachada, enmarcada por dos torres, que de ahí le da el nombre de Palacio de la Torres.

Con una cantera esculpida en un exquisito barroco, destacamos el escudo de la casa, el escudo de la familia a la que perteneció: la familia Fernández Alejo.

Don Antonio Fernández Alejo, de dicha familia de gran relevancia en la Villa de Tembleque, fue un mercader que forjó su fortuna en América, de donde se dice exportó la mayoría del material con el que edificó  y decoró este palacio. Existen documentos que registran su salida a las Indias, estableciendo el puerto de la Veracruz como su destino, en 1742. Existen también, aquellos que registran los lazos de parentesco de Don Antonio con ilustres personajes de Tembleque.

Pero el palacio quiere contar su historia. Te roba la atención inmediatamente y te invita a conocerlo, a recorrerlo y escuchar sus relatos. Su única bedela en la actualidad es una cigüeña atenta que observa a todo el que a curiosear se acerca. Susurra que tiene tantas ventanas como días del año. Susurra que su decoración tenía maravillosas piezas todas traídas de aquellas lejanas tierras, y el mito nos envuelve aquí, al querer saber sobre aquellos tesoros, aquellos objetos que deleitaban por su exótica morfología. Se sabe que en un banquete celebrado en pleno siglo XX en el palacio, hay una curiosa descripción de unos lienzos que plasmaban mezclas raciales. Esos son los famosos lienzos llamados de las Castas, que fueron muy famosos por el siglo XVIII y probablemente exportados por Don Antonio en aquel viaje mencionado.  En estos lienzos, se explica por medio gráfico, la posibilidad genética de la mezcla ocurrida en aquellos años en la Nueva España. Considerando que se convierte en todo un punto de afluencia de diferentes culturas, se genera esta fusión y se registra en esos documentos pictóricos de una manera extraordinariamente bella e interesante. Con nombres curiosos y seguramente originados endémicamente, los “resultados” de las fusiones raciales, dan ciertos grupos denominados, por mencionar algunos, como “lobo”, “saltapatrás” o “tente en el aire”. Y nos imaginamos el corredor de la entrada, aquel que dicen que tiene una magna escalera que accede a las demás plantas del palacio, adornado con estos tesoros de óleo. Imaginamos su interior cálido, de objetos jamás vistos por estos lares, e imaginamos al mismo Don Antonio contando sobre ellos, y lo que lo llevó a adquirirlos.

Este Palacio, sólo de verlo por fuera, nos regala infinidad de detalles, como su portal de maciza madera, con estos detalles de metal, en perfecta simetría y que se enmarca en lo que parece ser la silueta de una torre. Los herrajes de sus balcones y protecciones de ventanas, tienen un trabajo artesanal de indiscutible acabado. Ni el óxido ni el tiempo han podido con ellos. Hermosos los refuerzos que sujetan sus balcones con un acabado floral. Su escudo familiar, presidiendo la fachada con los detalles de la vida personal de Don Antonio, como lo delatan las carabelas talladas, que hacen alusión a esa conexión que tuvo con el “Nuevo Mundo”. Se puede ver cómo la piedra se convierte en agua, en el oleaje de la naves marítimas. Se puede ver cómo la piedra se convierte en naturaleza, con esos detalles florales en las columnas que sujetan la estructura de la fachada. Piedras que fechan su tiempo. Tiempo que data de años muy pasados para nosotros. ¡Qué ganas que hablaran y contaran los secretos que guardan!

Es tarde. El sol ya se está ocultando y el reloj de sol también se ha ido a dormir. Este mágico palacio espera paciente su protagonismo. Aunque ha sido utilizado para locación de películas o series, necesita más.  Declarado Patrimonio cultural en 1979, espera.

Aguarda paciente y resistente al tiempo. Luce sus años con la elegancia de la sabiduría, que gracias a su larga vida, encierra en sus rincones. Dichoso aquel caballero que ose indagar en sus entresijos y descubra para los demás su misterio.  Y aunque como Sancho afirmaría :” ..no siempre hemos de hallar castillos donde nos regalen…” este castillo, en nuestro caso, este Palacio, es una de esas excepciones, que indudablemente, nos halaga la vista con su magnificencia arquitectónica.

Tembleque,  trémulo, abraza este tesoro junto a sus gigantes quijotescos. En este Palacio, digno caballero de piedra,  parece vivir el tiempo con la entereza de un molino de viento.

Deja un comentario