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Panteón de Hombres Ilustres de Madrid. El bello Mausoleo de la sabiduría

Existe un sitio en el ajetreado Madrid que parece guardar la tranquilidad del silencio y el reposo. Como Mausoleo de Hombres relevantes para la ciudad, este claustro alberga la sinfonía del mármol y la pasividad de sus calladas paredes que tienen mucha historia.

Esto es lo que nos cuentan:

Edificado sobre un solar que antiguamente hospedó un convento de Dominicos, y la Basílica de Nuestra Señora de Atocha, lo que ahora es el Panteón de los Hombres Ilustres de Madrid, sufre grandes daños en 1808, al ser tomado aquel claustro para cuartel militar, expulsando a los frailes y con ello dañando y robando el arte sacro del lugar. Esta misma batalla, es la que mencionamos en el Mundo Recorrido del Templo de Debod y de la Estación del Norte.

Cuando los frailes recuperan el convento, éste estaba en una situación muy precaria y ruinosa, incluso lo que antes correspondía a una sencilla ermita, asciende al título de basílica a pesar de su devastada condición. Ya para mediados del siglo XIX se contempla la idea de tener un panteón con personajes cuya labor hubiera contribuido a la grandeza de la ciudad y se ejecuta como tal debido a que en este sitio se enterraron a grandes militares que a la expulsión de las tropas francesas dirigieron el cuartel de inválidos que en este sitio se alojó. En este sitio se pretende dar descanso a los restos de grandes militares o literatos o bien personalidades cuya aportación a la Nación hubiera sido muy importante, siempre y cuando hubieran transcurrido cincuenta años de su deceso. Con este principio, se  proponen varios nombres para ello, pero  se van descartando, al no poder encontrar los restos de varios de ellos, como era el caso de Cervantes o Lope de Vega.  Debido al ruinoso estado de la arquitectura se ordena su derribo y la nueva construcción de lo que será oficialmente el Panteón de Hombres Ilustres conjuntamente con la Basílica de Nuestra Señora de Atocha.

Pero lo que actualmente vemos como tal, data de mediados del siglo XX pues este sitio padece los estragos de la Guerra Civil de 1936 siendo incendiado y logrando salvarse la imagen  de la Virgen de Atocha al ser ocultada para evitar su destrucción.

Y así, el espacio, ya destinado a guardar y arropar el descanso de algunos grandes, actualmente sólo alberga a uno de los trece que en un principio contempló. Por varias situaciones protocolarias los restos de los otros doce fueron removidos o bien, devueltos a sus ciudades o pueblos natales.

Este sitio guarda un ambiente de paz y tranquilidad que hace sentir que la piedra respira con lentas inhalaciones. Las arterias talladas en la dura piedra invitan a su tacto imaginando su suavidad de piel viva, de realismo. Y estas esculturas guardan majestuosamente el recuerdo de aquellos cuyas vidas aportaron beneficios a la ciudad.

Observando las esculturas de estos mausoleos, contemplamos la maestría de los que trabajaron la piedra para lograr esos maravillosos resultados, y la idea mortuoria de la sociedad relativamente “contemporánea”. En la humanidad vemos que siempre ha existido este especial ritual por el estado de la muerte, en el que manifestamos nuestra percepción ya sea culturalmente o cronológicamente, tal es el caso que comentamos en el Mundo Recorrido de Ibiza, sobre la Necrópolis púnica de Puig des Molins.

Pero observemos el trabajo de mármol en el Panteón de los Hombres Ilustres, observemos la variedad de mármol negro o blanco que se vuelve seda, al plasmar esos pliegues de mantos fruncidos, en natural cadencia, o esos párpados cerrados en tranquilo sueño.

Los dedos entrelazados de esperanza, de dolor o resignación, muestran los nudillos detallados. Detalles incluso en la piel que parece registrar su textura porosa en la fría piedra. Detalles que tienen presentes las uñas, el hilos de cabellos, las líneas expresivas del rostro . La proporción de los dedos, de los brazos  y los cuerpos, que parecen, por su perfección, tener temperatura de vida.




Mencionaremos los nombres de algunos de los maestros que trabajaron para darle “vida” a la piedra: Mariano Benlliure, Agustín Querol, Arturo Mélida y Alinari, Elías Martín Riesco y Pedro Estany.

Qué destreza del cincel y el pulso exacto, que rompe la piedra hasta dejarla redondeada para plasmar las musculatura detallada de un cuerpo humano. Aquí se dan cita personajes de la mitología, o bien  sencillos hombres y mujeres que cuidan y velan por la memoria.

La arquitectura del sitio, encierra detalles que pueden escaparse a la vista por las esculturas que guardan, pero vale la pena reconocer el granito  y las calizas que lo ornamentan y que todo el material es nacional, exceptuando el mármol negro de Bélgica. Atendamos los mosaicos que decoran sutiles pero con enorme belleza.  Registremos la luz que se filtra por lo vitrales en los amplios ventanales.

El Panteón de los Hombres Ilustres, se vuelve la escenificación de una de las artes que suele quedar opacada por la pintura. Poder apreciar con una distancia mínima obras tan magníficas es un privilegio que pocos conocen en esta ciudad.

Es un buen sitio para averiguar qué hicieron cada uno de los que tienen un sepulcro en este espacio y que muchas veces sólo se vuelven nombres de calles para nosotros. Es descubrir que, la sabiduría puede tener aquí un mausoleo propio contando como una pintura, un mensaje de dignidad para los ideales. Se llora la pérdida, pero con el mármol “vivo” la eternizamos para que perdure en la memoria.

¿Dónde se ubica el Panteón de Hombres Ilustres?

Calle Julián Gayarre, 3 (Retiro)

Metro:

Atocha RENFE y Menéndez Pelayo

Horarios:

10 a 14  horas y 16 a 18:30 horas de martes a sábado. Domingos de 10 a 15 h.

Precio:

Entrada gratuita

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